Punto Final N° 531 (octubre 25. 2002)
Samir Nazal es prácticamente un mito entre los jóvenes poetas, sus años de docencia como profesor de castellano y literatura latinoamericana, además de su manejo en varios idiomas, lo han convertido en una de las personas con más conocimientos sobre poesía en Chile. Cientos de jóvenes han pasado por sus talleres de creación literaria, tanto por los de la Universidad Católica como por sus talleres particulares. También ha incursionado en el cine como guionista, es el caso de la película "Un hombre aparte", que recibió el Premio Altazor. Hoy se prepara para trabajar en el guión de "La Huida" de Andrés Pérez. Para hablar sobre poesía y su visión de los jóvenes autores conversamos con él en el barrio Club Hípico, donde reside actualmente.
Usted ha formado a muchos poetas en sus talleres ¿Qué necesita un poeta para lograr sus aspiraciones aparte de participar en un taller?
Primero que nada necesita un talento natural y un amor propio muy controlado. Además necesita un esfuerzo constante por superar una especie de egotismo natural de adolescente, y cuándo lo supera se convierte en poeta, cuando puede objetivar su visión y tener un lenguaje que pertenezca a la comunidad, pero que sea su propia voz.
¿Cuál es su visión de la actual poesía chilena?
Si hablamos de la poesía actual tendríamos que decir: la poesía europea, latinoamericana, norteamericana, etc., que son de tan distintas especie, pero me voy a referir más bien a la chilena. En la chilena veo una especie de retroceso, la gente está intentando no copiar, pero carece de una visión personal original, y eso inquieta. Pienso que este fenómeno debe haber sido causado por el fascismo de la dictadura que atemorizó a mucha gente a pensar, a sentir y a vivenciar las cosas de un modo más personal. La globalización y otros fenómenos sociales ha contribuido a que nos convirtamos unos en calcos de otros, y esto también ha pasado a los poetas, que se han disminuido en su proyección.
¿Existen poetas mayores o de alto nivel en las últimas generaciones?
Yo creo que existen, no los conozco a todos, pero puedo dar algunos nombres que a mí me parecen que ya tienen calidad, dentro de su edad, de poetas de categoría mayor: Germán Carrasco, Rafael Rubio, Cristian Basso, y varios más, pero que tienen todavía que desarrollarse. Son gente que está alrededor de los veinticinco años y que han publicado uno, dos y hasta tres libros algunos. Pero siempre los primeros libros, y lo digo por mi experiencia, a lo mejor no es así siempre, son débiles.
¿Cómo ve hoy la figura de Neruda y su influencia en los jóvenes poetas? ¿Sigue siendo una sombra como se ha dicho muchas veces?
No, no es una sombra. Ha ocurrido con Neruda un fenómeno histórico curioso, que los que somos viejos podemos reconocer. Neruda era una sombra en los años sesenta, después, a partir del ’73, se convirtió en la voz de la libertad y fue utilizado por todos los resistieron la dictadura y se abusó quizá de la voz de Neruda. Y a pasado con la nueva generación, los que están alrededor de los treinta, que no se asoman a Neruda, y menos hacen todo el periplo, empezando con ‘Veinte Poemas’, siguiendo con ‘Residencia en la Tierra’, que es una obra maestra, y ver luego su poesía social, que el intentó amplia y con una voz simple, etc. Pasa que hay un rechazo a Neruda, un desagrado hasta visceral yo diría. A mí me pasa en los talleres cuando doy ejemplo de Neruda, suponga ‘Entrar en la Madera’ o cualquiera de esos textos maestros de Residencia, la gente pone mala cara, colabora mal en la interpretación del texto o en buscar allí el mundo de Neruda. En general existe un disgusto hacia él en esta generación, y espero que la está hoy entre los diecisiete y dieciocho no lo tengan. Porque yo lo atribuyo más que nada a nuestro abuso de Neruda durante la lucha contra la dictadura.
¿A qué otro poeta leen hoy los jóvenes?
Ellos leen mucho a Teillier, admiran profundamente el mundo de este poeta. Muchos otros no, desprecian a Teillier por simplón y lo dicen claramente, porque los jóvenes tienen muchas veces esos juicios categóricos propios de su edad. También van a Díaz Casanueva, Eduardo Anguita, Gonzalo Rojas y Pablo de Rokha, bastante requerido últimamente. Existe un gran respeto además por la Gabriela Mistral. De los más actuales Gonzalo Millán es también leído. Respecto a Parra pasó una fiebre avasalladora hace unos años atrás, cuándo cumplió los ochenta. Todo el mundo se hizo parrita, todo el mundo me traía textos artefactos, chistecitos parrianos que no estaban desde luego al nivel del autor, y más bien hizo daño, fue como una peste. Parra fue muy, muy leído, ahora veo que no lo es tanto.
Entre la juventud que gusta de leer poesía hay cierto afán por privilegiar autores como Pound, Rilke, o a los anglosajones por sobre los poetas latinoamericanos ¿A qué razones piensa usted que obedece esta tendencia?
A cierto esnobismo europeísta que tenemos. Desde siempre, acuérdese del francesismo que nos agarró hace veinte o treinta años. Yo de joven fui afrancesado, así que lo confieso. Y este europeísmo también se debe a que la situación social estrecha, de miedo, de inestabilidad política, de dictadura vigente sin estar presente, les ha provocado un deseo de ir afuera a buscar maestros, sobre todo Pound, él es autor al que he visto acudir con más frecuencia, también Trakl, Rilke menos. T.S. Eliot es otro poeta requerido, sobre todo los que son católicos, que ahí se encuentran con un poeta de fuste, del carácter religioso de ellos. Existen otros poetas latinoamericanos, más que a chilenos, los jóvenes leen más a latinoamericanos, a Vallejo, a Cisneros, al viejo Cardenal. En general tienen tendencia a leer poetas de otras lenguas. Yo alego mucho con ellos porque realmente las traducciones son traiciones en su inmensa mayoría. Y lo que no toleran mucho, en general, es la poesía hispana, como por ejemplo García Lorca, cuya poesía la encuentran amanerada y barroca sin más, lo que es de lamentar porque cuando asoman a ‘Poeta en N. York’ o a sus últimos textos los admiran mucho. Pero con respecto a los otros poetas españoles de la famosa Generación del ’27, no encuentran relación, no intiman con ellos. Buscan una especie de vanguardia, que desgraciadamente, en ellos es surrealista, cuando ya el surrealismo está harto muerto, diría yo.
En su parecer ¿De qué manera cree que influyó la generación beat en la poesía chilena?
Quien trajo esa generación a la actualidad nacional fue Fernando Alegría, que tradujo el ‘Aullido’ de Ginsberg. Y a partir de ahí, esto hace muchos años, hubo un gran conocimiento de ellos, pero en Chile desgraciadamente produjo una poesía circunstancial, eventual, falsamente histórica, de protesta, transgresión y juegos sexuales, se conoció mal a los Beat. Pero un influjo serio aquí yo no he visto de estos poetas. Ahora en la última generación a quien están leyendo montones es Kerouac, lo encuentran una especie de mago de la palabra y me parece bien que lo admiren, lamentablemente no lo leen en inglés y las traducciones de sus libros son muy malas, lo digo porque lo he leído en inglés y en español.
¿Qué opinión le merece la poesía que se escribió durante los años de tiranía militar? Se lo pregunto considerando los dichos de Germán Carrasco, al afirmar éste que hubo mucha "baratija panfletaria", aludiendo implícitamente a un sector de poetas que además eran militantes de partidos de izquierda como el PC y el MIR, principalmente.
Como Germán, que es un hombre de gran talento, no puede tener una visión histórica muy grande, pues no tiene mucha edad, no comprende que en esa época poetas como Memet, España, Navarro, Cuevas y otros escribieron adrede poesía que se puede llamar panfletaria, antifascista y de lucha, y ellos realmente cumplieron una función social que la poesía siempre debe tener. Aquella poesía se explica por la situación tremenda que vivió el país durante la dictadura y que no debemos olvidar.
Se percibe una especie de esnobismo, arrogancia, imitación y, aspavientos de ser bilingües en un sector de poetas a los que el mismo Carrasco ha denominado "neo-vanguardistas" de los 80 ¿Qué piensa de ello?
A mí me parece que como todas las clasificaciones, es muy precaria. Me parece que no hay esnobismo, sino un afán de destacarse personalmente. Buscar otra línea, otro rumbo, pero que no tuvo mucho alcance esa generación en ese sentido. Creo que muchos de ellos han comprendido que tienen que ir más adentro en lo que es el país, es decir la médula de lo que es ser chileno.
La poesía como elemento permanente en la lucha política es considerable en la literatura mundial ¿Cree que aún es válido el mensaje político en el poema?
Por supuesto, me parece absolutamente válido. Hay un libro de Baura sobre poesía y política que lo explica muy bien y trae poesías de todos los países y de gran calidad poética. Yo creo que hacer poesía política no quiere decir hacer poesía panfletaria, sino que profundizar en hechos históricos y situaciones que tienen que ver con la comunidad y con la lucha de la comunidad debido a algunos factores que tienen relación con estas utopías que dan por muertas muchos demasiado prontamente. Todo esa poesía tiene gran un valor. Por ejemplo, no deja de ser poesía política las ‘Alturas del Machu Pichu’, que es una obra maestra. Una cosa no está reñida con la otra. Los esencial no es el tema, sino que sea buena poesía.
¿La globalización afecta de algún modo especial a los poetas?
Yo creo que sí, y sin gran conciencia de ello. No captan la gravedad de lo que se llama consecuencias negativas de la globalización –que supongo que también tiene consecuencias positivas, pero que yo no veo, así que si alguien lo desea me las explica alguna vez-. Culturalmente les llega sólo un concepto de la cultura universal, lo que los Consorcios traen, todo dirigido por el mundo empresarial. Pero los jóvenes no son imbéciles, reaccionan pronto, así que hay esperanza.
Llevamos doce años de gobiernos de la Concertación ¿Cómo evaluaría la tarea de ésta en el plano cultural?
Confuso, dirigido a tentones, sin saber para dónde van. No hay una política cultural real. Hay mucho discurso, hechos aislados, pero ‘una golondrina no hace verano’. No hay una política cultural seria. Yo creo que realmente la Concertación tiene una deuda muy grande con Chile. No hay cosas referidas a la cultura popular, sino que se refieren a los grupos de elite, es decir aumentar los privilegios a un determinado sector.
¿Qué le falta a Chile para ser un país realmente democrático?
Librarse del peso amenazante del ejército. Del peso, más que amenazante, de la Iglesia Católica. Del poder omnímodo del empresario que tiene toda una legislación a su favor. Faltan una serie de estructuras que no existen ahora y por las que nuestro pueblo tiene que luchar. Y yo creo está empezando entender que no puede seguir en esto: cesantía, hambre, desesperanza general. Así está el mundo, los malos lo tienen todo, desde el gobierno, y los buenos, que son los más, no tienen nada. Más encima con un periodismo que está en manos de un par de empresas que quieren que la opinión pública traduzca sus valores y no los valores reales del pueblo chileno. Hay un poco de ignorancia en los jóvenes, pero no es culpa de ellos.
ALEJANDRO LAVQUEN