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HISTORIA DE LA CANTATA SANTA MARÍA DE IQUIQUE

Por Alejandro Lavquén

Entre fines de 1969 y marzo de 1970 el compositor Luis Advis compuso la Cantata Santa María de Iquique, que fue interpretada por el grupo Quilapayún, convirtiéndola en una de las obras musicales más emblemáticas de la Nueva Canción Chilena y estandarte de la clase obrera que alcanzaba el gobierno junto a Salvador Allende. Esta obra se convirtió en un testimonio histórico ante el silencio oficial, que, por años, reinó sobre las matanzas de trabajadores en nuestro país, en especial la de la Escuela Santa María en Iquique.

Hoy, cuando se anuncia por la prensa el hallazgo de cuerpos, que pertenecerían a víctimas de la matanza, en el osario donde fueron abandonados en 1962 durante el gobierno de Jorge Alessandri Rodríguez, la cantata parece escucharse con más fuerza que nunca. Los restos hasta ahora encontrados pertenecen a "cuerpos esqueletizados, varios de los cuales son de niños y mujeres. Además, ha sido posible hallar calzado, ropa antigua y diarios que datan de los períodos de 1890 a 1960". Lo ocurrido en Iquique, el 21 de diciembre de 1907, fue un asesinato masivo de trabajadores que sólo reclamaban sus derechos, pero no ha sido la única matanza de este tipo ocurrida en nuestro país, también las hubo en Valparaíso (1903), Santiago (1905), Antofagasta (1906), La Coruña (1925), Puerto Natales (1919), Punta Arenas (1920), San Gregorio (1921), Marusia (1925), Ranquil (1934), etcétera.

La Cantata viene a escribir sobre la hoja en que no escribe la historia oficial, es la memoria que clama por extender su voz. La poesía que surge desde la tragedia y la oscuridad. El canto que no olvida, como en la tradición oral de los antiguos aedos y profetas. El acorde necesario para construir desde la justicia y no desde el olvido, nada se puede construir con sólidos cimientos si se hace desde el olvido. La Cantata, toma como base algunos textos que habían sido escritos, en principio, para teatro, para obras de Jaime Silva e Isidora Aguirre. Y se cuenta que lo esencial se tomó del capítulo dedicado a la matanza incluido en el libro Reseña histórica de Tarapacá. La Cantata une ritmos populares o folclóricos con ritmos de mayor elaboración musical. La Cantata Santa María de Iquique se estrenó en 1970 en el Teatro La Reforma de Santiago y después fue presentada en el Segundo Festival de la Nueva Canción Chilena. Los intérpretes fueron el conjunto Quilapayún y el actor Héctor Duvauchelle, quién también participó en la primera grabación. La obra se estructura de la siguiente manera: Pregón, Canción I, Relato I, Relato II, Canción II, Relato III, Interludio cantado, Relato IV, Canción III, Relato V, Canción letanía; Canción IV, Canción pregón y Canción final. En 1978 y 1981 Julio Cortázar realizó

algunas correcciones al texto para versiones que fueron cantadas esos años. Dice la canción final:

Ustedes que ya escucharon
la historia que se contó
no sigan allí sentados
pensando que ya pasó.
No basta sólo el recuerdo,
el canto no bastará.
No basta sólo el lamento,
miremos la realidad.

Quizás mañana o pasado
o bien, en un tiempo más,
la historia que han escuchado
de nuevo sucederá.
Es Chile un país tan largo,
mil cosas pueden pasar
si es que no nos preparamos
resueltos para luchar.
Tenemos razones puras,
tenemos por qué pelear.
Tenemos las manos duras,
tenemos con qué ganar.

Unámonos como hermanos
que nadie nos vencerá.
Si quieren esclavizarnos,
jamás lo podrán lograr.
La tierra será de todos
también será nuestro el mar.
Justicia habrá para todos
y habrá también libertad.
Luchemos por los derechos
que todos deben tener.
Luchemos por lo que es nuestro,
de nadie más ha de ser.

Versos claramente videntes si nos ponemos a pensar en lo que sucedió en 1973 y los años posteriores. La historia siempre habla a través del arte, advierte y enseña. Ahora, lo importante es aprender y que enfáticamente sea un rotundo Nunca Más.

 

HABLA UNO DE LOS FUNDADORES DE QUILAPAYÚN

Punto Final conversó con Eduardo Carrasco, director y fundador del grupo Quilapayún, los que dieron fama a la Cantata de Luis Advis.

¿Cómo nace la idea de grabar la Cantata de Luis Advis?

Fue Luis Advis quien escribió la Cantata pensando en el Quilapayún. El había visto al grupo en un concierto en el teatro IEM, invitado por la dramaturga Isidora Aguirre. Se entusiasmó tanto que inmediatamente armó la Cantata con algunas canciones sueltas que había escrito, sumándole algunas otras escritas especialmente. Una vez que la obra estuvo terminada él mismo nos buscó para presentarnos su obra. Nos juntamos en la casa de Willy Oddó, que era el único de nosotros que tenía un piano en su casa y nos cantó la obra de punta a cabo. Quedamos entusiasmados y comenzamos rápidamente a trabajar en ella. La obra fue presentada por primera vez en el teatro Isidora Aguirre del Conservatorio de la Universidad de Chile.

¿Qué significó para Quilapayún grabar la Cantata?

La obra se transformó de inmediato en la expresión más perfectamente adecuada a nuestras posibilidades expresivas. Fue la mejor expresión artístico musical del fin de la campana de Allende y posteriormente simbolizó el triunfo de la UP. Después del golpe se transformó en la mejor manera de hacer conciencia sobre lo que pasaba en Chile con la dictadura y ahora es una advertencia para que lo que vivimos durante todos esos dolorosos años nunca vuelva a ocurrir en nuestro país. Es la obra clásica del Quilapayún, que siempre estará vinculada a nuestro éxito artístico, a nuestra significación en la cultura nacional.

Quilapayún llevó la Cantata por los cinco continentes ¿Cómo fue la recepción de esta historia en otros países?

En todos los países que recorrimos fue presentada la Cantata con un tremendo éxito. En países donde se hablaban otros idiomas tradujimos los relatos y eso bastó para conservar perfectamente el carácter dramático de la obra. Las presentaciones más importantes fueron las que hicimos en Buenos Aires en el Teatro Gran Rex y en el Luna Park con el Indio Juan como relator, las del Olympia en París, la grabación en Francia con Jean Louis Barrault, la de Roma con Jean María Volonté, la del Carneggie Hall y la de Los Ángeles de California con Jane Fonda en USA, la de Madrid en la fiesta de Mundo Obrero y la de Tokio en Japón con acompañamiento de coros con las partes cantadas en japonés. Además de estos grandes momentos la obra se ha presentado en muchos escenarios menos conocidos, en fiestas populares, y en numerosas ciudades de nuestro propio territorio.

¿A qué se deben los cambios que realizó al texto Julio Cortázar?

Eso ocurrió en el momento en que estábamos por hacer la versión francesa con Jean Louis Barrault. Pensamos que podía ser el momento de someter el texto a la consideración de un especialista y se la mostramos a Julio Cortázar. Él consideró que había cosas que se podían mejorar y propuso algunos cambios. Lamentablemente, por las dificultades que tenía en ese momento cualquier relación nuestra con Chile, no pudimos discutir esto con Lucho (Advis) y así se publicó la nueva versión en castellano con estos cambios (por esos mismos días ocurrió la coincidencia de que Duvauchelle pasó por París y pudo grabar). Cuando por fin Lucho pudo escuchar esta versión, le pareció todo pésimo y desde ese momento volvimos a la versión original. En realidad nuestra idea era mala y no tenía gran justificación. Además, el público siempre ha preferido la versión original a cualquiera otra posterior, porque en estas cosas el valor simbólico tiene más importancia que toda consideración formal. Es la razón por la cual, a pesar de que tal vez en la versión francesa se superaron ciertos defectos técnicos de la primera, la gente sigue prefiriendo esta última. Felizmente, el mal rato que pasó Lucho con toda esta historia rápidamente quedó olvidado. A él le gustó mucho la versión en DVD del DVD El Reencuentro y fui testigo de su gran emoción cuando lo vimos juntos en mi casa pocos días antes de morir. Creo que ese día se reconcilió con la Cantata, que siempre le penó como una obra que por su éxito extraordinario ocultó el valor del resto de sus obras.

Los historiadores a veces son olvidadizos. En ese sentido ¿Consideras que la Cantata ha sido un aporte fundamental para mantener viva la memoria histórica de las luchas obreras?

Creo que si hoy día se puede conmemorar a nivel nacional la matanza de Iquique con diferentes manifestaciones artísticas, políticas y culturales ello se debe a la Cantata. Como lo dice el texto de ella misma, la historia olvidó durante 60 años estos hechos y si no hubiera existido esta obra esos hechos tal vez seguirían hoy día en el olvido. El mensaje de la obra va más allá de la significación que ésta pueda tener para el mundo obrero. Se trata de un mensaje de unidad y una advertencia para que cosas como esta nunca vuelvan a ocurrir en nuestro país. Para ello es necesario reforzar la conciencia democrática y afirmar con convicción la legitimidad de los derechos humanos.

A cien años de la matanza ¿Cuáles serían tus reflexiones?

En primer lugar, la importancia que puede llegar a tener una obra artística, como factor de identidad, como afirmación de una verdad y como símbolo de las tareas que todos los chilenos debemos cumplir para consolidar el país que queremos. Después, la importancia que tiene el respeto a los derechos humanos que por ningún motivo deben ser avasallados. No existe ninguna causa que pueda permitirse romper los lazos de solidaridad y de comprensión que deben existir entre todos los seres humanos. La condición humana es finalmente una condición de extrema carencia y desamparo. Cuando esto se olvida, aparecen los fanatismos y los absolutismos que pretenden ubicarse por encima de esta verdadera condición. Como decía Matta, hay que combatir estas lacras "todos los días, todo el día". Finalmente, la importancia de la unidad para llevar a cabo las luchas reivindicativas. Cuando los obreros quedan solos, se encuentran en una situación de extremo peligro. Se requiere convencer a los demás sectores de la justicia de sus reivindicaciones y lograr que todas sus luchas tengan lugar dentro de un espíritu de confraternidad humana.